Toda
sociedad se ha visto confrontada a desafíos, entre los que se destacan la inseguridad
e inestabilidad y estas son a menudo la consecuencia social y política en los
avances científicos y las innovaciones tecnológicas. La atención de ese contenido
de reflexión no es sólo técnica, es también un asunto de gobierno. La
información no vale nada si no se puede movilizar y utilizar. Por lo tanto, es
importante destacar que la identificación del riesgo exige el funcionamiento eficaz
de observatorios cuyas competencias técnicas y científicas deben ser
reconocidas en las clases, públicas y privadas, donde se adoptan las decisiones,
y también en el conjunto de la sociedad civil. La abundancia de información y
conocimientos de todo tipo, puede ser el resultado de la revolución de las
nuevas tecnologías, sin embargo, esta abundancia, debido al exceso y la
proliferación que la caracterizan, puede también obstaculizar el trabajo de identificación.
Ya se trate de interpretar, de detectar los síntomas de un cambio o de formular
opciones adaptativas, cuanto más numerosas son las informaciones tanto más
difícil es determinar cuál de ellas puede ser significativa, o incluso decisiva.
Cuando no se puede prevenir de antemano un riesgo, las sociedades del conocimiento
tienen ante sí dos soluciones: la cobertura y la precaución, ambas consisten en
adoptar medidas de cautela frente al advenimiento posible de un riesgo.
Es importante resaltar que existe una línea divisora entre el riesgo natural y
el riesgo tecnológico, en el primero de los casos, el riesgo natural es consecuencia de las actividades humanas, mientras que el riesgo tecnológico constituye la amenaza que las sociedades del conocimiento
se crean así mismas como lo son la vulnerabilidad de los grandes sistemas,
terrorismo, contaminación de la informática y los multimedia, riesgo de
supremacía de un “biopoder” e incertidumbres sobre el futuro de la especie
humana y del planeta. En este sentido es
importante preparar a los ciudadanos para precaverse contra las amenazas y efectuar una mejor gestión de los riesgos.
Es evidente que el desarrollo de las
sociedades del conocimiento va a influir y modificar profundamente la
geopolítica del siglo XXI. En efecto, el conocimiento y la información cobrarán
cada vez más importancia como recursos estratégicos por excelencia para el
desarrollo económico, político, científico, social y tecnológico que van
contribuir a la prevención de riesgos y
a la seguridad de los habitantes del
planeta.
Licdo. Cárdenas Kildare.
Prof. Martínez Marilis.
Prof. Ponte María.
Prof. Rodríguez Maribel.
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