sábado, 8 de diciembre de 2012
Los siete saberes del conocimiento
Existen teorías que muestran que hay
un riesgo de error bajo, debido a que el conocimiento no es el espejo de las
cosas o del mundo exterior, sino que son Todas las percepciones, traducciones y
reconstrucciones cerebrales, a partir de estímulos o signos captados y
codificados por los sentidos. Por tal motivo el conocimiento es el fruto que
los seres humanos cosechamos, y por consiguiente nos ayuda a entender y tener
una mejor visión del mundo y de la sociedad donde vivimos. Aunque También
existe en cada mente una posibilidad de mentira a sí mismo que es fuente
permanente de error y de ilusión. El egocentrismo, la necesidad de
autojustificación, la tendencia a proyectar sobre el otro la causa del mal
hacen que cada uno se mienta a sí mismo. No obstante, La racionalidad es el
mejor pretil contra el error y la ilusión. Por una parte, está la racionalidad
constructiva que elabora teorías coherentes verificando el carácter lógico de
la organización teórica, la compatibilidad entre las ideas que componen la
teoría, el acuerdo entre sus afirmaciones y los elementos empíricos a los
cuales se dedica, por otra parte, está la racionalidad crítica que se ejerce
particularmente sobre los errores e ilusiones de las creencias, doctrinas y
teorías. La verdadera racionalidad, abierta por naturaleza, dialoga con una
realidad que se le resiste. El juego de la verdad y del error no sólo se juega
en la verificación empírica y la coherencia lógica de las teorías; también se
juega a fondo en la zona invisible de los paradigmas. Esto lo debe tener bien
en cuenta la educación. El paradigma juega un rol al mismo tiempo subterráneo y
soberano en cualquier teoría, doctrina o ideología. El paradigma es
inconsciente pero irriga el pensamiento consciente, lo controla y, en ese
sentido, es también subconsciente. En resumen, el paradigma instaura las
relaciones primordiales que constituyen los axiomas, determina los conceptos,
impone los discursos y las teorías, organiza la organización de los mismos y
genera la generación o la regeneración. Las creencias y las ideas no sólo son
productos de la mente, también son seres mentales que tienen vida y poder. Una
idea o una teoría no debería ser pura y simplemente instrumentalizada, ni
imponer sus veredictos de manera autoritaria; ella debería relativizarse y
domesticarse. Una teoría debe ayudar y orientar las estrategias cognitivas
conducidas por los sujetos humanos.
El conocimiento de los problemas
claves del mundo, y por más difícil que sea, debe ser tratado. A este problema
universal está enfrentada la educación del porque hay una inadecuación cada vez
más amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes desunidos,
divididos, compartimentados y por el otro, realidades o problemas cada vez más
transversales, multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios. El
conocimiento, buscando su construcción en relación con el contexto, con lo
global, con lo complejo, debe movilizar lo que el cognocente sabe del mundo. La
comprensión de los enunciados, lejos de reducirse a una mera y simple
decodificación, es un proceso no modular de interpretación que moviliza la
inteligencia general y apela ampliamente al conocimiento del mundo. La
educación deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición
humana. No se puede absolutizar al individuo y hacer de él el fin supremo de
este bucle, tampoco se lo puede a la sociedad o a la especie. En el ámbito
antropológico, la sociedad vive para el individuo, el cual vive para la
sociedad, la sociedad y el individuo viven para la especie la cual vive para el
individuo y la sociedad. La educación deberá velar por que la idea de unidad de
la especie humana no borre la de su diversidad, y que la de su diversidad no
borre la de la unidad. Existe una unidad humana. Existe una diversidad humana.
La unidad no está solamente en los rasgos biológicos. La diversidad no está
solamente en los rasgos psicológicos, culturales y sociales del ser humano.
Aquellos que ven la diversidad de las culturas tienden a minimizar u ocultar la
unidad humana; aquellos que ven la unidad humana tienden a considerar como
secundaria la diversidad de las culturas. Es pertinente, en cambio, concebir
una unidad que asegure y favorezca la diversidad, una diversidad que se
inscriba en una unidad. También la educación debería mostrar e ilustrar el
Destino con las múltiples facetas del humano: el destino de la especie humana,
el destino individual, el destino social, el destino histórico, todos los
destinos entrelazados e inseparables.
La historia humana comenzó con una diáspora planetaria
sobre todos los continentes, luego entró, a partir de los tiempos modernos, en
la era planetaria de la comunicación entre los fragmentos de la diáspora
humana. El mundo se vuelve cada vez más un todo. Cada parte del mundo hace cada
vez más partes del mundo, y el mundo como un todo está cada vez más presente en
cada una de sus partes. Esto se constata no solamente con las naciones y los
pueblos sino con los individuos. Así como cada punto de un holograma contiene
la información del todo del cual forma parte, también ahora, cada individuo
recibe o consume las informaciones y las substancias provenientes de todo el
universo. No existen solamente las innovaciones y las creaciones. También
existen las destrucciones. Estas pueden traer nuevos desarrollos, así como los
desarrollos de la técnica, la industria y el capitalismo han arrastrado la
destrucción de las civilizaciones tradicionales, las destrucciones masivas y
brutales llegan del exterior por la conquista y la exterminación que
aniquilaron los imperios y ciudades de la Antigüedad.
La situación sobre nuestra Tierra es paradójica. Las
interdependencias se han multiplicado. La conciencia de ser solidarios con su
vida y con su muerte liga desde ahora a los humanos. La comunicación triunfa;
el planeta está atravesado por redes, faxes, teléfonos celulares, módems,
Internet. Y sin embargo, la incomprensión sigue siendo general. Sin duda, hay
grandes y múltiples progresos de la comprensión, pero los progresos de la
incomprensión parecen aún más grandes. El problema de la comprensión se ha
vuelto crucial para los humanos. Y por esta razón debe ser una de las
finalidades de la educación para el futuro.
Licdo. Cárdenas Kildare.
C. I. 18.669.493
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